Nurse and soldier. Brux. Humorous postcard, France 1910-1920
Drawing by Brux.
Dimensions: 90 x 140 mm
A soldier gropes the wet nurse's breast with one hand, while with the other he pushes the baby away and makes him suck his finger to stop her from crying. «¡Ah, qué bueno es el amor!».
A lo largo de finales del siglo XIX y primera mitad del XX fueron muy comunes las imágenes en postales, revistas, ilustraciones y grabados en las que soldados de permiso coquetean con nodrizas en los parques, miran absortos sus pechos descubiertos mientras amamantan y, cuando pueden, se dedican a sobarlos. Son nodrizas trabajando en hogares acomodados de grandes ciudades, viven en casa de sus empleadores y su trabajo es cuidar del bebé, amamantarlo y sacarlo a pasear. Tienen prohibido amamantar al hijo propio al que han dejado en su pueblo, generalmente muy alejado de la ciudad, y con gran riesgo de desnutrición y muerte.
Esta imagen recogen el ambiguo discurso masculino sobre el pecho femenino en Occidente. Su doble función, reproductivo-nutricional por una parte y erótico-sensual, por otra, es responsable de la mayoría de bromas, más o menos groseras, sobre la lactancia materna. En Occidente, desde la segunda mitad del siglo XIX, se ha primado el aspecto sensual, en detrimento y censura del nutricional: durante décadas era fácil contemplar pechos femeninos, pero siempre sin amamantar.
Actualizado el: 25/06/2026
A soldier gropes the wet nurse's breast with one hand, while with the other he pushes the baby away and makes him suck his finger to stop her from crying. «¡Ah, qué bueno es el amor!».
A lo largo de finales del siglo XIX y primera mitad del XX fueron muy comunes las imágenes en postales, revistas, ilustraciones y grabados en las que soldados de permiso coquetean con nodrizas en los parques, miran absortos sus pechos descubiertos mientras amamantan y, cuando pueden, se dedican a sobarlos. Son nodrizas trabajando en hogares acomodados de grandes ciudades, viven en casa de sus empleadores y su trabajo es cuidar del bebé, amamantarlo y sacarlo a pasear. Tienen prohibido amamantar al hijo propio al que han dejado en su pueblo, generalmente muy alejado de la ciudad, y con gran riesgo de desnutrición y muerte.
Esta imagen recogen el ambiguo discurso masculino sobre el pecho femenino en Occidente. Su doble función, reproductivo-nutricional por una parte y erótico-sensual, por otra, es responsable de la mayoría de bromas, más o menos groseras, sobre la lactancia materna. En Occidente, desde la segunda mitad del siglo XIX, se ha primado el aspecto sensual, en detrimento y censura del nutricional: durante décadas era fácil contemplar pechos femeninos, pero siempre sin amamantar.


