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Crematorio, Rafael Chirbes. Frase en libro, España 2007

Editorial Anagrama, Barcelona, 20007. ISBN 978-84-339-7376-4

Dimensiones: 205 x 135 x 24 mm, 417 g.

SeccionLibros
MaterialPapel
ContinenteEuropa
Año2007

Crematorio narra el auge y la decadencia moral de un constructor corrupto que se enriquece con la especulación urbanística en la costa valenciana. Tras la muerte de su hermano, un intelectual alcohólico e incoherente, la novela expone, a través de múltiples voces, de la familia, de empresarios y mafiosos rusos, la corrupción, el vacío ético y la descomposición social ligadas al boom inmobiliario. Rafael Chirbes (Taverenes de la Valldigna, 1949 – Beniarbeig, 2015) retrata una España marcada por el dinero, la ambición y la pérdida de ideales, donde el progreso material oculta una profunda ruina moral.

Frases en esta novela en relación con la lactancia:

Pág. 109:

[…], toda esa fealdad que queda tras la guerra; ese espanto que es la guerra, todas las guerras, por más que ahora se empeñen en sacar a los soldados dándoles el biberón a los niños, como si eso fuera su trabajo, como si fueran amas pasiegas, ¿te acuerdas de las amas pasiegas de las novelas del XIX, aquellas señoras de pechos vacunos que contrataban las ricas para darles de mamar a sus hijos y que a ellas no se les estropearan los pechos? Pues eso, sargentos que se supone que son amas de leche pasiegas. ¿Los visten de soldado, les enseñan a disparar, los cargan con toda esa impedimenta tremenda para que hagan de ama de cría?

Págs. 170-71:

La camisa blanca, el olor de agua de colonia. Curiosamente, el pecho de mi madre no recuerdo haberlo notado nunca cerca. Paradojas. En las biografías de la gente, en las novelas, uno lee que el pecho que te recoge es el materno, que te acompaña el calor del regazo materno, la tibieza del seno materno; la literatura está llena de historias de madres sufridas, de padres autoritarios, y de nostalgias del calor del regazo materno. Justo lo contrario de lo que, si miro atrás, puedo yo recordar.

Págs 174-75:

Las mujeres de Misent, cuando yo era pequeño, se untaban los pechos con cascajo, con la leche gomosa de las cápsulas de las amapolas silvestres; para que los niños durmieran tranquilamente, les proporcionaban una pequeña ración de opio. Luego, cuando dejaban de mamar, les preparaban un ponche con mistela y una yema de huevo para reforzar su nutrición y, al mismo tiempo, relajarlos de cara a la noche: leche materna y opio, alcohol y proteínas.

de

Crematorio narra el auge y la decadencia moral de un constructor corrupto que se enriquece con la especulación urbanística en la costa valenciana. Tras la muerte de su hermano, un intelectual alcohólico e incoherente, la novela expone, a través de múltiples voces, de la familia, de empresarios y mafiosos rusos, la corrupción, el vacío ético y la descomposición social ligadas al boom inmobiliario. Rafael Chirbes (Taverenes de la Valldigna, 1949 – Beniarbeig, 2015) retrata una España marcada por el dinero, la ambición y la pérdida de ideales, donde el progreso material oculta una profunda ruina moral.

Frases en esta novela en relación con la lactancia:

Pág. 109:

[…], toda esa fealdad que queda tras la guerra; ese espanto que es la guerra, todas las guerras, por más que ahora se empeñen en sacar a los soldados dándoles el biberón a los niños, como si eso fuera su trabajo, como si fueran amas pasiegas, ¿te acuerdas de las amas pasiegas de las novelas del XIX, aquellas señoras de pechos vacunos que contrataban las ricas para darles de mamar a sus hijos y que a ellas no se les estropearan los pechos? Pues eso, sargentos que se supone que son amas de leche pasiegas. ¿Los visten de soldado, les enseñan a disparar, los cargan con toda esa impedimenta tremenda para que hagan de ama de cría?

Págs. 170-71:

La camisa blanca, el olor de agua de colonia. Curiosamente, el pecho de mi madre no recuerdo haberlo notado nunca cerca. Paradojas. En las biografías de la gente, en las novelas, uno lee que el pecho que te recoge es el materno, que te acompaña el calor del regazo materno, la tibieza del seno materno; la literatura está llena de historias de madres sufridas, de padres autoritarios, y de nostalgias del calor del regazo materno. Justo lo contrario de lo que, si miro atrás, puedo yo recordar.

Págs 174-75:

Las mujeres de Misent, cuando yo era pequeño, se untaban los pechos con cascajo, con la leche gomosa de las cápsulas de las amapolas silvestres; para que los niños durmieran tranquilamente, les proporcionaban una pequeña ración de opio. Luego, cuando dejaban de mamar, les preparaban un ponche con mistela y una yema de huevo para reforzar su nutrición y, al mismo tiempo, relajarlos de cara a la noche: leche materna y opio, alcohol y proteínas.