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Nodriza. Adulteración de la leche, F. Sancha. L’Assiette au Beurre, Francia 1902

En voilà un qui s'en fout de tout ça! (¡Aquí hay uno al que todo eso le importa un bledo!)
Postura sentada, no sujeción del pecho (derecho).

Dimensiones: 315 x 245 mm

Ilustración de Francisco Sancha Lengo (Málaga 1874 – Oviedo 1936) en la revista l’Assiette au beurre, El plato de mantequilla (revista ilustrada satírica francesa que se publicó desde 1901 a 1937), en la página 42 de un número especial triple  de febrero de  1902, realizado por todos los colaboradores de la revista y dedicado enteramente a “Los envenenadores autorizados. Los adulteradores de leche”.

La práctica de adulterar leche (de vaca, de cabra o de asna) añadiendo agua y otros productos como bicarbonato fue un escándalo ocurrido a finales del XIX y principios del XX en Francia que provocaba desnutrición, enfermedades y muerte, sobre todo de niños pequeños. En la ilustración, la nodriza piensa, con razón, que a su bebé lactante todo eso no le importa nada.

Lactancia mercenaria. En la mayoría de las sociedades, muchas mujeres han evitado dar el pecho, confiando sus hijos a la crianza por parte de otras mujeres que recibían un pago por este servicio: las nodrizas o amas de cría. Es una práctica atestiguada desde hace 4.000 años (Código babilónico de Hammurabi), hasta hace unos 50 años, cuando ha sido casi totalmente desterrada por la alimentación con leche de vaca modificada.

La lactancia mercenaria alcanzó enormes proporciones en Europa a partir del Renacimiento, pero sobre todo en Francia e Italia: muchos niños de la nobleza primero (siglo XVI), luego de la burguesía (siglo XVII) y finalmente (siglo XVIII) de clases trabajadoras de las ciudades eran criados por nodriza, sea en el domicilio familiar (como es el caso del cuadro de Lemonnier), sea, cuando no había suficientes recursos económicos, en la vivienda de esta, en un pueblo más o menos alejado de la ciudad. Los contratos eran por dos a tres años, al término de los cuales, sin que hubiese habido muchas visitas intermedias, el niño volvía con sus padres.

La mortalidad infantil bajo el sistema de nodrizas era muy elevada: en el siglo XVIII la tasa de mortalidad infantil (muertos menores de un año por mil nacidos vivos) era de 109 en los niños amamantados por sus madres, de 170 en los amamantados por nodriza a domicilio, de 381 cuando la nodriza se los llevaba a amamantar en su casa y de 500 al 910 en los alimentados por nodrizas en la inclusa. Ello demuestra que la protección aportada por la lactancia materna depende no sólo de los factores físico-químicos y biológicos de la leche materna en sí, sino del complejísimo sistema vincular de amor, cuidados y aporte nutricional e inmunológico que supone el fenómeno de la lactancia.

El tema de las nodrizas ha generado innumerable cantidad de imágenes en pintura, escultura, ilustraciones y caricaturas, así como una abundante literatura.

Ilustración de Francisco Sancha Lengo (Málaga 1874 – Oviedo 1936) en la revista l’Assiette au beurre, El plato de mantequilla (revista ilustrada satírica francesa que se publicó desde 1901 a 1937), en la página 42 de un número especial triple  de febrero de  1902, realizado por todos los colaboradores de la revista y dedicado enteramente a “Los envenenadores autorizados. Los adulteradores de leche”.

La práctica de adulterar leche (de vaca, de cabra o de asna) añadiendo agua y otros productos como bicarbonato fue un escándalo ocurrido a finales del XIX y principios del XX en Francia que provocaba desnutrición, enfermedades y muerte, sobre todo de niños pequeños. En la ilustración, la nodriza piensa, con razón, que a su bebé lactante todo eso no le importa nada.

Lactancia mercenaria. En la mayoría de las sociedades, muchas mujeres han evitado dar el pecho, confiando sus hijos a la crianza por parte de otras mujeres que recibían un pago por este servicio: las nodrizas o amas de cría. Es una práctica atestiguada desde hace 4.000 años (Código babilónico de Hammurabi), hasta hace unos 50 años, cuando ha sido casi totalmente desterrada por la alimentación con leche de vaca modificada.

La lactancia mercenaria alcanzó enormes proporciones en Europa a partir del Renacimiento, pero sobre todo en Francia e Italia: muchos niños de la nobleza primero (siglo XVI), luego de la burguesía (siglo XVII) y finalmente (siglo XVIII) de clases trabajadoras de las ciudades eran criados por nodriza, sea en el domicilio familiar (como es el caso del cuadro de Lemonnier), sea, cuando no había suficientes recursos económicos, en la vivienda de esta, en un pueblo más o menos alejado de la ciudad. Los contratos eran por dos a tres años, al término de los cuales, sin que hubiese habido muchas visitas intermedias, el niño volvía con sus padres.

La mortalidad infantil bajo el sistema de nodrizas era muy elevada: en el siglo XVIII la tasa de mortalidad infantil (muertos menores de un año por mil nacidos vivos) era de 109 en los niños amamantados por sus madres, de 170 en los amamantados por nodriza a domicilio, de 381 cuando la nodriza se los llevaba a amamantar en su casa y de 500 al 910 en los alimentados por nodrizas en la inclusa. Ello demuestra que la protección aportada por la lactancia materna depende no sólo de los factores físico-químicos y biológicos de la leche materna en sí, sino del complejísimo sistema vincular de amor, cuidados y aporte nutricional e inmunológico que supone el fenómeno de la lactancia.

El tema de las nodrizas ha generado innumerable cantidad de imágenes en pintura, escultura, ilustraciones y caricaturas, así como una abundante literatura.